vendredi 4 octobre 2013

José Martí: ¿autoritario y anexionista?

Carlos Manuel Estefanía
Director de la revista "Cuba Nuestra"
Estocolmo

El concepto de nación entre los cubanos, como entre los pueblos latinoamericanos y europeos, tiene un alto grado de convencionalidad. En este sentido, los constructores profesionales de la identidad cubana han trabajado afanosamente, sobre todo desde la constitución de Cuba en una república independiente, para darle a los ciudadanos de la isla una historia única. Con el fin de alcanzar este objetivo, se han seleccionado, desde la perspectiva de los vencedores -es decir, los que abogaban por la independencia de Cuba con respecto a España-, acontecimientos reales, así como gestos e ideas de personalidades destacadas que habrán de convertirse en el paradigma de lo que un cubano debe ser. Tal es el caso de la figura de José Martí. El político y literato del siglo XIX es invocado hoy como un conductor espiritual, tanto por quienes defienden al gobierno marxista-leninista de la isla, como por aquellos que se le oponen, enarbolando otros modelos sociales, ya sean liberales o socialdemócratas. En José Martí, además, encuentran los cubanos el criterio patriótico fundamental para valorar las principales ideologías a las que febrilmente se consagraron sus antepasados en el convulso siglo XIX.


Las tendencias anexionistas


El anexionismo norteamericano ha sido poco conocido como lo que realmente fue: el auténtico inspirador de las primeras gestas independentistas. Como tendencia política, entre los cubanos terminó agonizando por la persecución de las fuerzas coloniales, por el desinterés de los isleños o por mera desidia. Esto les ganó a los cubanos una buena reprimenda por parte de José Martí. El tirón de orejas tuvo lugar en esa joya del periodismo, publicada en Nueva York el 21 de marzo de 1889, bajo el título de Vindicación de Cuba. Se trata de una pieza donde Martí, desde la perspectiva de un orgulloso independentista, no acepta ver a su país, ni a su pueblo, vilipendiado. En el artículo, no se habla sólo de las glorias de la inmigración cubana y de la epopeya de sus compatriotas en la guerra contra España, sino que también critica el anexionismo, aunque deja entrever un cierto grado de comprensión por aquellos que sostenían con honestidad la idea de unir los destinos de Cuba a los de Estados Unidos.

Para comprender mejor la posición de Martí frente al anexionismo norteamericano basta leer su artículo "El remedio anexionista", publicado el 2 de julio de 1892 en el periódico Patria, el cual se editaba en Nueva York. Con esa prosa tan cargada de imágenes y circunloquios que le caracteriza, Martí alude al hecho de que habían sido los políticos norteamericanos sureños los mas interesados en la anexión de la Cuba esclavista, del mismo modo que fueron los vencedores yanquis de la contienda civil los más acérrimos enemigos de la idea de incorporar a Cuba a la Unión. Y nuevamente, Martí vuelve demostrar su capacidad de ver la honestidad y buenas intenciones de muchos de los que deseaban la anexión de Cuba a los Estados Unidos.

Martí fue capaz de mantener relaciones de respeto y amistad con los representantes de este movimiento, como es el caso de José Ignacio Rodríguez, pero esto no aminoró la fuerza con la que condenó esta orientación política, la misma que utilizó cuando la emprendió contra el reformismo autonomista.

¿Martí, anexionista "a la mexicana"?


Cuando conocemos los términos en los que Martí, quién trabajó, conspiró y amó en los Estados Unidos, condenó a aquellos que buscaban, todavía a fines del siglo XIX, convertir a Cuba en una estrella más de la bandera estadounidense, no puede dejar de sorprendernos la idea de que el independentista cubano haya podido abogar por alguna variante de la anexión. Sin embargo, esto es lo es lo que ha sugerido en uno de sus artículos, publicado pocos años antes de morir, Manuel Moreno Fraginals. Se trata del historiador más importante de aquellos con los que contó la "Cuba socialista". Fraginals trabajó durante décadas como investigador y profesor de historia en la Cuba de Fidel Castro, marchándose definitivamente del país antes de su deceso. En el año 2000, estando ya fuera de su patria, publicó una serie de trabajos que indagan en buena medida en los conflictos hispanocubanos del siglo XIX. Entre los trabajos aparece uno, titulado "El anexionismo". Allí aparece el siguiente párrafo:

"Todavía a fines del Siglo XIX, algunos pensaron, como solución al conflicto cubano, que si no se le podía ganar la guerra a España lo mejor era anexarse a México. Tampoco esta opción prosperó, aunque por los pocos documentos que han quedado se sabe de las conversaciones que a este respecto sostuvo José Martí con el tristemente célebre dictador mexicano Porfirio Díaz hacia fines de aquel siglo."

No ha sido Fraginals el primero en abordar el tema de la anexión de Cuba a México, aunque probablemente sí el primero en involucrar a Martí en esta tendencia. Sin ir mas lejos, he encontrado en mi biblioteca personal una vieja referencia al tema, recogida en el libro de Ramiro Guerra, "El camino de la independencia". Se trata en realidad de un estudio centrado en las rivalidades entre Estados Unidos e Inglaterra, derivadas de sus intereses en Cuba. Allí se alude a las pretensiones mexicanas y colombianas sobre la isla caribeña. Se explica que, terminada la guerra contra España en el continente, era natural que la confrontación prosiguiese en el mar. México estaba particularmente interesado en atacar a Cuba, el principal arsenal de España en América y base de operaciones contra ese país. Si la isla era ocupada, tendrían lo mismo México que Colombia una buena presa para negociar el reconocimiento definitivo de la independencia, a cambio de la devolución de la isla. Por eso, los dos países recién independizados planearon el envío de expediciones contra Cuba, a la vez que fomentaban conspiraciones que facilitaran sus planes. Muchos de los revolucionarios cubanos de entonces creyeron ingenuamente en las intenciones libertadoras de los dos nuevos países, pero más tarde descubrieron que los afanes de poner fin a la tiranía española sólo obedecían a los intereses particulares de los estados recién surgidos en tierra firme. Uno de los primeros criollos que reaccionó fue el poeta José María Heredia. El cantor por excelencia de la libertad de Cuba apelaría en una oda a sus compatriotas para que proclamaran la independencia antes de que fuesen liberados por quienes podrían convertirles en "ilotas de América".

Heredia, tras su vasta experiencia como político e intelectual cubano emigrado en México, sabía lo que le esperaría a Cuba si caía bajo la égida de su segunda patria. Heredia, al final de su vida y tras amargas vivencias, renunció definitivamente a los afanes independentistas de su juventud, ganándose con ello el rechazo de los separatistas. Paradójicamente, la memoria del poeta encontró con los años su defensor en alguien famoso por sus ideas independentistas: José Martí.

¿Cómo es posible que se buscase la anexión de Cuba a México en pleno porfiriato, tal y como nos lo revela Manuel Moreno? ¿No sirve acaso la misma crítica que hiciera Martí a los anexionistas pro yanquis? Para dar respuesta a tales preguntas habría que estudiar las pruebas del anexionismo martiano a las que Moreno Fraginals alude sin dejarnos referencias concretas. ¿Cómo dar con esos documentos que supondrían una nueva evaluación de la figura de José Martí?

Para descubrir la clave acudimos al libro "Cuba mexicana: Historia de una anexión imposible", de Rafael Rojas. Se trata de un voluminoso texto donde se hace una investigación sobre las relaciones entre Cuba y México, desde los tiempos en que la Nueva España y la isla compartían la condición de colonias, hasta la ocupación de la isla por los Estados Unidos en la guerra de 1898. Ahí se abordan los largos periodos de contubernio entre los regímenes mexicanos con el despotismo colonial en la isla. El gobierno de Porfirio Díaz, para la primavera de 1896, propició una campaña en favor de la anexión de Cuba a México. Para ello, se realizó una entrevista entre José Martí y Porfirio Díaz, el primero de agosto de 1894 en Chapultepec. En esa reunión, Martí expuso al dictador mexicano lo que se cree fue el tema de la anexión.

Se debe recordar que en 1876, el separatista cubano se había referido con duros términos al caudillo mexicano, caracterizándole como "un hombre que se declara por su exclusiva voluntad, señor de hombres". Pero quince años mas tarde, José Martí solicitó el encuentro con el dictador usando todo tipo de lisonjas. Porfirio Díaz escuchó con interés a Martí, mas no le concedió una de sus peticiones: el reconocimiento de beligerancia a los cubanos. En cambió, le otorgó una ayuda pecuniaria de 20,000 pesos.

Lo que Martí estaba procurando era conjurar el peligro de la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Martí, quien sin dudas fue un genio político, bien pudo haber intuido en 1894 lo que terminó aconteciendo en 1898: la conversión de Cuba en un protectorado norteamericano. Frente al horror de ver una Cuba anglosajona, este hombre pudo pensar mejor en una Cuba mexicana como un mal menor. Pero para confirmar la hipótesis, tendríamos que conocer, por lo menos, los detalles de lo que hablaron el conspirador Martí y el dictador Díaz en su encuentro de Chapultepec. Lamentablemente, el libro de Rojas nos deja con las ganas.

¿Será que existen otras fuentes, no consultadas por Rojas, aquellas a las que ha tenido acceso Moreno Fraginals, llevándole a resultados que significan un auténtico giro en la valoración del pensamiento político de Martí? ¿Se habría, al final de su vida, aquél a quien los cubanos definen por antonomasia como el apóstol de su independencia, convertido en un anexionista más?

Las respuesta a las interrogantes descansan por el momento bajo tres lápidas mortuorias: la de José Martí, la de Porfirio Díaz y la de Manuel Moreno Fraginals. A ver qué investigador se atreve a levantarlas. La verdad histórica espera.

Réplica y comentarios al autor: carlosm_estefania@hotmail.com

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